Nacional.- La imagen produce desamparo. El periodista oaxaqueño Francisco Alejandro Leyva Aguilar estaba comiendo en la calle, en un negocio de quesadillas y tacos sobre la acera, cuando lo asesinaron a balazos unos sujetos a bordo de una moto. Quedó sentado, con el cuerpo echado hacia adelante y la cabeza apoyada en la mesa. Vestía unos pants, playera, tenis, ropa que uno llama de casa, nada formal, lo que alguien se pone para ir a un mandado y volver enseguida. Le colocaron una manta sobre la cabeza para atenuar las fotografías del crimen. Todo en la imagen indica vulnerabilidad. El acto de comer, el negocio austero, la vida y la muerte de Leyva, su trabajo de periodista, el séptimo que es asesinado este año en México. El crimen ocurrió en San Pablo Etla, a 40 minutos en auto de la capital de Oaxaca. Una vez más, en México, uno de los países más peligrosos para el desempeño de la profesión.
Leyva, de 60 años, era periodista independiente y un columnista muy crítico y directo con el Gobierno del Estado, encabezado por Salomón Jara, del oficialista partido Morena. “¿Me conocen? Me llamo Alejandro Leyva, pero muchos me dicen El Moscardón, el que le zumba los oídos al anodino gobernador, en minúsculas y entre comillas, las verdades que los oaxaqueños padecemos por su ineptitud y su enfermedad mental”, decía el periodista en uno de sus audaces videos, recuperados en redes sociales tras su asesinato este miércoles. Leyva solía decir que Jara “desgobernaba” el Estado sureño de México y lo acusaba de “denostar” y censurar a los periodistas críticos. “Por cada voz que apagues en los medios, Salomón, van a surgir 10 más”, advertía él.
Con tres décadas de carrera, el veterano periodista fue director de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión (Cortv), la cadena estatal, y tenía una columna llamada El Zumbido del Moscardón. Allí, acusaba al mandatario de tener “al narco metido hasta las narices” en su Administración, lo que explicaba, decía, el aumento de la violencia en el Estado. En una de sus últimas publicaciones, denunció un esquema de despojo de tierras y blanqueo de dinero mediante inversiones en desarrollos hoteleros, un negocio que presuntamente involucra a narcos y funcionarios del oficialismo, a los que Leyva mencionaba por su nombre.
El gobernador Jara reconoció a Leyva como un periodista crítico de su Administración, “como muchos otros comunicadores que ejercen todos los días su derecho a cuestionar, señalar y expresar libremente sus opiniones”, según un mensaje divulgado tras el crimen. Jara dijo que aún no estaba claro el motivo del asesinato, pero adelantó un deslinde: que su Gobierno era “respetuoso de la crítica y de la libertad de expresión”. El mandatario encargó una investigación exhaustiva a la Fiscalía estatal, a la que pidió colaborar con la Fiscalía General de la República (FGR). “No vamos a especular ni adelantar conclusiones sobre el móvil. Lo que corresponde es una investigación seria, profesional y transparente, que determine quiénes son los responsables y permita llevarlos ante la justicia”, pidió.



















